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Leyendas de España

Jennifer García el 7 de Febrero de 2014, clasificado bajo Algo especial.   Sin Comentarios

Es el turno de conocer más las leyendas de nuestro país. Historias que quizá no tengan nada de verdad, pero lo que es cierto es que han permanecido con nosotros, primero de boca en boca, luego en escritos y ahora a través de internet. No permitamos que desaparezcan, contémoselas a nuestros hijos. Estamos seguros que seguirán impresionándolos al igual que lo hicieron con nosotros.

 Mezquita del Cristo de la Luz (Toledo)

Toledo

Quienes conozcan la ciudad, deben saber que uno de los cristos más queridos de la ciudad es el Cristo de la Luz, una imagen que desde las invasiones judías y musulmanas ya contaba con notable prestigio en Toledo. Pero este amor hacia el Cristo despertaba el odio de los judíos, por lo que quisieron vengarse de todos los cristianos con un malvado plan. Una noche, cuando el templo se encontraba vacío, untaron los pies de la imagen con veneno para que al día siguiente, cuando los fieles lo besaran y comenzaran a morir, desconfiaran del Cristo y la veneración desistiera.

A la mañana siguiente, ocurrió todo lo contrario. Cuando a primera hora una mujer se dirigió hasta el templo y fue a besar el Cristo, milagrosamente la imagen retiró el pie evitando así que la mujer cayera envenenada. Y así durante varias ocasiones.

El odio de los judíos fue incrementándose, de tal forma que la rabia de dos amigos Abisaín y Sacao fue creciendo por momentos. Una noche en la que el primero no podía dormir, salió a pasear, y en el camino de regreso a casa, pasó por la puerta del templo, viendo cómo en el interior tan sólo estaba el Cristo iluminado por una vela. Allí pudo contemplar cómo, efectivamente el pie de la imagen estaba desclavado y separado de la madera. Fue en ese preciso momento cuando decidió apuñalar al crucificado en el pecho. La imagen cayó al suelo y se rompió. Ante su estupor, decidió coger las piezas de la imagen y llevárselas hasta su casa.

A la mañana siguiente, los gritos en la puerta de su vivienda lo despertaron. Se trataba de una multitud que lo amenazaba por haber acabado con el Cristo. ¿Cómo lo supieron si nadie lo vio? La ropa donde había trasladado las piezas habían derramado sangre, manchando su ropa y dejando por las calles de Toledo un reguero que acabó por delatarlo.

Finalmente la imagen fue reconstruida y Abisaín apresado. Después de unas semanas de espera fue apedreado públicamente.

Cantabria

Siempre se ha dicho que las sirenas existen. Pero ¿qué hay de los hombres pez? En Cantabria saben de qué hablamos. A mediados del siglo XVII habitaban en Liérganes, un municipio próximo a Santander una familia con sus cuatro hijos. El padre falleció, por lo que uno de los hijos, el segundo, tuvo que irse hasta Bilbao para aprender el oficio de carpintero. En uno de sus días de descanso, se fue con unos amigos al río a descansar. Era conocida su facilidad para nadar, por lo que a sus acompañantes no les extrañó su ausencia cuando se metió río adentro. Pero tras unas horas sin aparecer todo el mundo lo dio por desaparecido.

Los años pasaron hasta que un día, unos pescadores que faenaban en la bahía de Cádiz avistaron un ser extraño. Durante varios días se dejó ver hasta que fue apresado. Se trataba de un hombre joven y corpulento con unas escamas que le descendían de la garganta y uñas roídas. Lo interrogaron, pero no sólo pudieron robarle una palabra: Liérganes. Nadie sabía qué significaba. Tras días de investigación y de boca a boca, lograron reconocerlo. Se trataba de un pequeño pueblo al lado de Santander. Lo llevaron hasta el lugar y una vez allí se dirigió hasta su casa. Allí sus hermanos y su madre lo reconocieron inmediatamente, pero no lograron que pronunciara palabra. Tan sólo, de vez en cuando pedía “tabaco”, “vino” y “pan”, pero no para comérselo, sino para contemplarlo. Comía poco, pero cuando lo hacía, devoraba el plato y luego estaba cuatro o cinco días sin probar bocado.

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